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jueves, 29 de agosto de 2013

Por las noches canto



"No sé tocar la guitarra, ni cantar tampoco, pero no se alarmen, yo ayer era un tipo normal, uno de esos hombres normales con familia, trabajo, casa, coche, amigos... Vamos, un tipo normal, pero miren ahora en lo que me he convertido, un soldado sin uniforme que combate contra un enemigo invisible pero eficaz por su perversidad, que mina la moral y destroza los hogares…

Sí, por las noches cojo mi guitarra toco y canto canciones como esta:

-Ayer me dijiste te amo,
ayer fue un día especial,
se borró de tu rostro tu sonrisa
hoy, no más despertar.

Ahora, por las noches canto
y recuerdo cuando me decías:
que te quiero, que te quiero, que  te quiero...
Hoy escúchame cantando:
que te follen, que te follen, que te follen...
tus te quiero fueron todos falsos-.

Sí, por las noches canto, y toco mi guitarra a pesar de no saber hacer ni lo uno ni lo otro, pero toco y canto y recuerdo cuando me decías al oído:

-Que te quiero, que te quiero, que te quiero…
Hoy tus te quiero son para otro, igual de falsos.”

Del libro de Pierre Colline *Las antorchas nunca prendieron en tu corazón* (Analgama 1987).


domingo, 18 de agosto de 2013

Un fin común

Pierre Colline
(Relato del libro Las especies en extinción)


-Aposté todo para crear una familia –dice un tipo acodado en la barra del bar donde Anita suele trabajar catorce horas al día para sacar adelante su familia.

-El destino puso a mi alcance todo lo que es necesario para realizar el fin de crear esa familia de la que te hablo, Anita: una mujer maravillosa que me habría de convertir en padre de un hermoso niño que vendría a llenar todo aquel vacío que había existido en mi vida antes de conocer a la mujer que lo alumbrara. Y, por supuesto, las suficientes cosas materiales para tener una vida digna –suspira el hombre, toma un trago de vino y se queda mirando a la televisión en la que están dando el partido entre el Real Madrid y el Barcelona.

-Sí, Anita, sí, pero ¿quién nos iba a decir a nosotros que tras tantos años juntos algo vendría a destruir lo que con tanto amor habíamos creado? Anita, nadie podría habernos dicho que eso podría ocurrir, y sabes que fueron la insensatez y la falta de sentido común las que hicieron su labor como la dinamita rompe las entrañas de la montaña en las minas, destruyendo nuestra maravillosa familia. Y no contentas la insensatez y la falta de sentido común con haber destruido nuestra familia no nos permitieron ni una sola oportunidad para salvar ni a nuestro hijo, ni a nosotros como creadores de la misma. Y nuestra familia quedó como un cuerpo al que le es apuntado algún miembro, y ya nunca más estuvo completa porque los parches que podrían venir después, iban  a ser eso, parches, solo parches, como una pierna o un brazo ortopédicos, hacen algunas funciones de los miembros reemplazados, pero no cumplen todas las funciones de los auténticos. Eso es lo que sucedió Anita –termina el hombre, toma el último trago, paga y antes de salir del bar repite:

-¡Ay insensatez, ay falta de sentido común lo que estáis haciéndolo a los seres humanos, espero que algún día éstos se den cuenta de que el egoísmo no lleva un fin común!



martes, 6 de agosto de 2013

Lanzarme mis palabras como navajas afiladas



Para ti que sé que me espías, que miras todo lo que publico en mi muro, pero callas y guardas mis palabras para, por si acaso, lanzármelas luego a la cara como navajas afiladas.

Sí, a ti, que sé que me espías, y me mientes como si yo fuera idiota, sí, a ti, porque sé que guardas mis palabras, para, por si acaso,  lanzármelas luego a la cara como navajas afiladas.

Para ti que sé que vigilas mis pasos, y que nada de mí te es ajeno porque tus espías hacen bien su trabajo, y saben todo cuanto de mí es, inventándome, además, actos que nunca realicé. Sí, a ti que te escondes bloqueándome en tus redes donde sueles aparecer enseñando tus morritos a modo de femme fatale, a ti. 

Te dedico estas palabras porque sé que las guardarás para, por si acaso, lanzármelas a la cara como navajas afiladas.

Sí, a ti, que sé que me espías, dime: ¿qué te he hecho para que me trates peor que a un cerdo?

Pierre Colline del libro “Esos ojos azules que me espían”.


miércoles, 24 de julio de 2013

Carta de Dante a Beatrice


Versión de Pierre Colline*

A Beatrice mi musa, mi gran amor.
Dante.

 

 
Querida Beatrice:
Espero que mis palabras no te molesten, y que esta carta no la tomes como una súplica, ni un requerimiento por mi parte hacia tu amor.

Piensa que solo es una carta a través de la cual voy a hacer el intento de acercamiento hacia ti pero sin pasar los límites que sin palabras hemos establecido.

Te escribo para recuperar la comunicación que habíamos perdido, para mostrarte la confianza que sobre ti tengo, a pesar de que te haya demostrado en algún momento lo contrario.
Piensa que si me he mostrado hostil y desconfiado contigo no eras tú la culpable de ello, ni era por tus actos que lo hacía, no, muy lejos estás tú de haber sido la responsable de mis acciones, de mis palabras que te hirieron tanto.

No niego que he sido un necio, un ciego que no he sabido ver, que no he sabido darte lo que tú te mereces realmente como persona, como mujer, como compañera, como madre de nuestros hijos, como amante…
Sí, he sido un necio y he estado ciego y sordo durante un tiempo, por no verte, por no escucharte y por ello lo estropeé todo con mi desafortunada conducta.

Me arrepiento por ello, por no haberme dado cuenta, por no haber abrazado tus gustos, tu cultura, tu familia, tus proyectos, tus sueños…
Me arrepiento de haber sido un idiota, me arrepiento de no haber participado de tu humor, de tu tiempo, de tus bromas, de tus cosas, de tus fiestas, de sus sesiones de pastelería y panadería en la cocina…

Sí, me arrepiento de haber sido tan necio como para no ver el gran valor que como persona llevas dentro.

Sí, me arrepiento de haberte juzgado culpable de mi desventura cuando el único culpable de ella soy yo mismo. El único culpable de todo esto no ha sido otro que mi egoísmo…

No te pido nada que no quieras darme, ni te escribo para presionarte, te escribo para decirte todo lo que he dejado de decirte cuando lo debía haber hecho.
Sé que ahora ha pasado el tiempo y espero que mis palabras no las veas como un ataque, porque no es un ataque esta carta, sino una confesión de mis errores porque los he cometido y muy grandes y por ellos nuestra relación se ha ido al traste. Te escribo para acallar de una vez, por todas, mi conciencia, para liberarme de esta carga que llevo desde que nos separamos, porque el paso del tiempo dicen que cura las heridas, y yo espero que las que te he causado hayan sanado y cicatrizado ya.

Con el paso del tiempo me he ido dando cuenta de todo aquello que por necedad y ceguera no me había dado cuenta cuando estábamos juntos. Y me he dado cuenta de la gran necedad que he cometido al no darme cuenta de que tú reclamabas mi atención, mi cariño, mis caricias mientras yo estaba sumido en mi papel de hombre de negocios mirándome el ombligo.
Sé, que tú no te has ido sino que ha sido mi comportamiento el que te ha hecho irte.

Sé que has sufrido mucho, y llorado ríos durante semanas, sé que mis palabras hicieron que le amor que sentías por mí muriera.
Sé que no ha sido fácil para ti la decisión de separarte, y sé también que por mi sinrazón te he perdido.

Pero también he descubierto con el paso del tiempo mi error, mi gran error, por el que estoy pagando con esta separación con tu ausencia; por el que ahora siento el dolor que has debido sufrir tú cuando yo me mostraba a ti como un energúmeno, un loco, un hombre frío y distante, un hombre preocupado de sí mismo que no veía que lo que hacía con esa actitud era matar el amor, ese amor tan grande y maravilloso que nos había mantenido unidos durante estos veinte maravillosos años, y tuve que matarlo por mi sinrazón, por mis miedos, por mi egoísmo, por no haber sabido a tiempo hablar contigo para exponerte mis miedos.
Sé, porque mi corazón me lo dice, porque lo siento cada día con más fuerza, que te amo, y no me perdono haberte hecho tanto daño. Sé que hay cosas que una vez rotas nunca jamás vuelven a arreglarse; pero sé, tengo confianza, fe y esperanza porque creo todavía en él, que cuando el AMOR es verdadero, solo ÉL, solo ese AMOR verdadero es capaz de perdonar, es capaz de comprender, es capaz de tolerar, es capaz de luchar…

No te pido nada que no quieras darme, ni te pido que vuelvas a amarme, no sé lo que sientes o piensas en estos momentos en que lees esta carta, pero me gustaría saberlo.
No, no te pido nada que tú no quieras darme, solo quiero que sepas, te lo digo con el corazón en la mano, que te amé desde el principio, que te amé durante el tiempo que estuvimos juntos, que te amé a pesar de mi necedad y mi ceguera, que te amo y que te amaré siempre.

No, no te pido nada que tu no quieras darme, pero quiero que sepas que si algún día, el amor que por mi sentiste y que me demostraste cada día, resurgiera de las cenizas del fuego que nos quemó a los dos, si ese amor despertara en tu corazón, no dudes en venir, no dudes en acercarte, en hablarme, en decírmelo, porque quiero que sepas que yo te abriré las puertas de mi corazón que nunca cerré para ti, a pesar de que te haya mostrado en un momento determinado lo contrario.
Mis puertas estarán abiertas a ti, y cerradas a otros amores, porque ahora sé con toda certeza que el único y más grande AMOR que he tenido has sido tú y que nunca amaré a nadie como a ti.

Sé que es así porque crece con el tiempo en lugar de desaparecer, porque todavía cuando escucho tu voz o te veo revolotean en mi estómago las mil mariposas que revolotearon cuando te vi por primera vez, que revoloteaban siempre que estaba junto a ti.

Querida Beatrice, consagraré mi vida a alimentar la esperanza, no ya de que algún día vuelvas a amarme (lo comprenderé si no lo haces), sino a que algún día puedas y quieras perdonarme.
¡Ay Amor cuánto mal he causado!

Sin más, me despido de ti, Beatrice agradeciéndote de corazón todos estos años que conmigo has compartido, agradeciéndote de corazón haberme hecho feliz, haberme hecho padre, algo tan grande y que tanto deseaba cuando te conocí. Tú la verdadera mujer que vendría a ser la madre de nuestros hijos, nuestros grandes tesoros que brillan en el bosque.
Por todo ello, aquí quedo a tu disposición como padre de tus hijos, como amigo tuyo, como hombre con sus defectos y virtudes…

Gracias, Amor, gracias por tu grandeza…

Dante Alighieri